Miri enfrenta la realidad de su relación con Thiago, un hombre distante y sin emociones, prometido suyo desde hace diez años. A pesar de sus esfuerzos por ganarse su afecto y ayudarlo económicamente, reconoce que él no la ama ni a nadie más. Esta revelación la lleva a abandonar la esperanza de cambiarlo. Al recibir su vestido de novia, símbolo de aquella ilusión, decide quemarlo como un acto simbólico para dejar atrás esa etapa y despertar a una nueva realidad, marcando un punto decisivo en su vida.