Mario enfrenta el rechazo a casarse con la señorita Suárez, a quien describe como una persona difícil. Recordando la infancia, él revive la presión y tareas que esta mujer le imponía, desde hacerle la tarea hasta comprarle pasteles. En contraste, una mujer cercana rememora un amigo de la infancia que cuidaba de ella con atención y cariño. La conversación se anima cuando surge la sospecha de que Mario podría ser ese amigo, lo que genera un momento tenso al disputarse el acta escolar. El episodio termina con la incertidumbre sobre la verdadera conexión entre ellos.