Yolanda llega temprano a la escuela y es objeto de burlas y acoso por parte de tres compañeras, quienes intentan involuntariamente forzar su atención con juegos y comentarios incómodos. A pesar de sus súplicas para que se detengan, ellas insisten, incluso mojando su uniforme, hasta que suena el timbre y se ven obligadas a regresar a clase. En presencia de la profesora, Yolanda es cuestionada por su comportamiento, quien minimiza el acoso como una simple torpeza, lo que provoca en Yolanda una reacción emocional intensa y un cuestionamiento sobre el verdadero peso de sus heridas.