Andrés intenta tocar al bebé por última vez, pero la madre del niño lo rechaza con dureza, culpándolo por el origen humilde del bebé y expresando su desprecio hacia él. Este rechazo despierta en Andrés un dolor profundo, aunque su madre sufre un infarto al escuchar la confrontación. Mientras tanto, la mujer cambia su postura y decide no abortar, afirmando que el bebé es de ambos. En medio de la tensión familiar, se genera un contraste cuando alguien llama a los niños a desayunar, dejando en el aire qué rumbo tomarán las relaciones entre ellos tras este conflicto directo.