Luisa está dormida cuando el empresario Sr. Quijas llega a la casa para verla. Su madre la despierta, la apura a arreglarse y bajar; justifica la demora diciendo que las chicas tardan. En el salón, el hombre espera; todos elogian su porte pero notan ojos hinchados como si hubiera llorado. Mientras la familia lo observa, alguien reconoce una pulsera y pregunta: “¿No es esta la pulsera de apoyo de mi primer aniversario?” Ese hallazgo altera el encuentro y deja en el aire la inesperada conexión entre la pulsera y la presencia del Sr. Quijas.