Sebastián se reincarna como hijo legítimo del Emperador Inmortal en un mundo de fantasía femenina, pero descubre que es el villano injustamente acusado en la trama. Es confrontado por renombrados discípulos que lo acusan de espiar y drogar a Renata, una discípula de menor rango, lo que genera un conflicto absurdo dada su superioridad en poder de cultivo. Mientras Sebastián se burla de las acusaciones, se intensifica la tensión con la secta que rechaza su inocencia. El episodio concluye con la amenaza latente de un enfrentamiento por estas acusaciones injustas y su posición privilegiada aún sin definir.