En la casa de Gabriel Zapata, los aldeanos traen provisiones según lo acordado y él invita a dos mujeres a comer; se presenta y declara que ahora son familia. Valentina Rojas y su hermana adoptiva, Camila Yáñez, explican que vienen de Sierra Verde y que sus padres fueron ejecutados. Gabriel admite que fue huérfano y que nunca aprendió a leer. Las hermanas se ofrecen a enseñarle a leer y escribir; él confiesa que ha fingido analfabetismo. La comida genera aceptación, pero las lecciones y la convivencia recién comienzan, dejando abierta su integración en el hogar.