Luciano Montero, preso acusado de agredir a compañeros y desperdiciar comida, enfrenta torturas para confesar. Su familia paga la fianza y lo libera, pero él se enfrenta a la desconfianza de su madre, Isabela, quien lo acusa falsamente de dañar al abuelo y amenaza con demandarlo. Luciano insiste en su inocencia mientras su abogada presenta pruebas para exonerarlo. Sin embargo, el juicio termina con su condena a diez años por homicidio intencional, ordenándose la ejecución inmediata de la sentencia. Al final, Luciano es llevado de regreso a prisión, atrapado en una acusación que aún no puede probar su inocencia.