Tras la destitución del general Sebastián, un grupo de ciudadanos en Ciudad Negra lo acusa de ser un falso protector y de haber abandonado la frontera mientras su hijo moría a manos de bestias. Sebastián, señalado por supuestos vínculos con una persona local, enfrenta la ira pública y el desprecio tras diez años sellando La Gruta para proteger a la comunidad. En medio de la tensión, Sebastián revela que acogió y entrenó a alguien cercano, insistiendo en que lo llamen por su nombre. Sin embargo, una acusación personal y el rencor no resuelto marcan un clímax sin respuesta clara.