En este episodio, un hombre ligado al crimen reflexiona sobre cómo los rivales que murieron lo ayudaron a convertirse en líder mafioso, minimizando la posibilidad de venganza. Su subordinado, Garen, lo acompaña mientras planea controlar a otra persona que aún no le obedece. En un cuarto diseñado para imitar el espacio de esa persona, el jefe intenta ganarse su confianza con gestos y palabras directas, confesando su interés mientras enfrenta la negativa clara de que el otro no comparte su orientación sexual. La tensión queda abierta a cómo manejará el rechazo y el control futuro sobre esta persona.