Andrés intenta despedirse de Adriana, su esposa embarazada, pero ella lo rechaza con duras palabras, acusándolo de no merecer ser padre y de condenar al bebé a la pobreza. Esto desilusiona a Andrés y provoca la intervención de su madre, que se muestra firme y leal hacia Adriana. Aunque antes no estaba lista, Adriana decide no abortar tras reflexionar durante la noche, aceptando plenamente al bebé. Más tarde, con hambre, Adriana se levanta y, acompañada por otra persona, se prepara para comer mientras enfrenta las consecuencias emocionales de la confrontación reciente.