Lilia descubre que un joven ha estado viviendo en una habitación diminuta durante diez años, mucho más pequeña que la perrera de un perro, y se enfrenta a Eva para exigir una explicación. Eva minimiza la situación, sugiriendo que Lilia podría querer una habitación más grande, mientras intenta evitar un conflicto mayor. Laura aparece intentando desechar un colchón viejo que el joven usa, lo que revela aún más las precarias condiciones en las que vive. Lilia empieza a comprender el sufrimiento prolongado del joven, lo que deja abierta la pregunta sobre qué harán para mejorar su situación.