Daniela descubre que un matón enviado por el señor Ibarra molestó al señor Correa y, aunque no sufrió graves daños, exige explicaciones y promete vengarse para evitar futuros ataques. A pesar de las advertencias de ser menos brusca por tratarse de gente de Tomás, Daniela insiste en que nadie le haga daño sin consecuencias severas. Al final, aplica castigo al agresor, dejando claro que protegerá a quienes aprecia, mientras la tensión con Tomás y sus aliados se mantiene sin resolverse, anticipando un conflicto mayor entre ellos.