Lucía enfrenta la crítica realidad de que su padre, el Patriarca Solís, está gravemente herido con una barra atravesándole el cráneo y la médula espinal, situación que los médicos consideran irreversible. Aunque intentan estabilizarlo con un incienso especial, su vida depende de un milagro o una píldora divina que proteja su médula. Mientras el padre entrega a Lucía un jade y le encomienda encontrar a su hermano perdido, Eli, quien posiblemente ha vuelto después de 20 años, ella promete cumplirlo. El episodio termina con Lucía decidida a encontrar a Eli antes de que su padre fallezca.