Tras ser salvada por un guardia, la Srta. Silva rechaza exponer el encuentro nocturno y le pide que se marche; él insiste en ayudarla con los problemas que la amenazan. Ella admite que lo sucedido le puede servir para alejar la presión de Bruno, que la obligaba a casarse. El guardia, entre orgullo y oportunismo, acepta colaborar creyendo que así ganará dinero y favores. Luego, en el bar evita a mujeres que intentan distraerlo y parte decidido a asistirla; queda en el aire si su apoyo bastará contra sus enemigos y Bruno.