La presidenta del Grupo Silva recibe a un guardia que arregla la ducha; tras un tropiezo ella lo despide y otros trabajadores murmuran sobre su posible coqueteo. La calma se rompe cuando un grupo de hombres exige un millón de dólares y la amenaza con aprovecharse de ella si no paga. Ella los enfrenta, rechaza sus avances y se declara desafiante ante el declive del apellido Silva. Con los agresores ahora rodeándola, ella señala al guardia como su única protección. «¿Ahora sí quieres protección?» queda la pregunta, mientras la confrontación queda sin resolverse.