Tras recibir una transferencia de $100.000.000 por el rescate de la hija de Pablo, la señorita Santos debe invertirlo en un laboratorio médico; le dicen que faltan otros $50.000.000 para la investigación. Un chofer, enviado por su padre, la lleva de regreso, reavivando su resentimiento por haberla abandonado cinco años atrás. En casa, una niña llamada Ana se queja de no tener madre y pregunta si Eva será la suya. El aviso 'hay cuentas que deben saldarse' introduce una exigencia del padre y deja pendiente la decisión inmediata de ella.