Celia llega angustiada a casa, acusando a una niña de robarle y agredirla. La mujer en la casa, Felicia, niega haber intimidado a la niña y acusa a Celia de mentir y querer apropiarse del pollo que Marc cocinó para Enzo y ella. La discusión escala entre Felicia y Celia, mientras una tercera persona les reprocha la manera en que Felicia educa a sus nietos. En medio del conflicto, la abuela insiste en que no les deben dejar ni un hueso a los niños. La tensión termina con una advertencia velada, dejando abierta la incertidumbre sobre la relación entre ellos y el destino del pollo.