Gael, consumido por los celos, comienza a destruir la casa de su familia en un acto de desafío, mientras su madre y otra persona tratan de detenerlo. Ellos le recuerdan que no tiene cómo pagar los daños y que sus acciones solo empeoran su situación. A pesar de las advertencias y amenazas de enfrentar consecuencias legales, Gael continúa rompiendo objetos, decidido a causar el máximo daño. La tensión crece cuando llegan los guardias, dejando la situación al borde de un enfrentamiento y con un futuro incierto para Gael y su familia.