Después de regresar a la ciudad de Mar, una mujer enfrenta la acusación de haber sido entregada a un hombre llamado Diego, dueño de la ciudad. Un intermediario la obliga a cambiarse de ropa y le advierte que si Diego descubre que no es virgen, ambos correrán peligro. Enfrentada a Diego, ella reclama el arduo esfuerzo por sobrevivir tras una vida dura. Diego la libera, pero anuncia que a partir de ahora será su sirviente y que la humillará para saciar su odio. El episodio termina con él exigiéndole que lo acompañe a la Oficina de Asuntos Civiles, marcando un nuevo control en su destino.