Ana se enfrenta a la presión de abandonar su lugar, cuando le ofrecen una tarjeta con un millón para que se vaya y preserve su dignidad. A pesar de las advertencias sobre los guardias que podrían expulsarla, Ana se niega a irse, recordando el maltrato recibido. Desafiante, declara que no se rendirá y que quiere comprobar qué puede hacerle el Grupo Cruz, afirmando que ni siquiera Jorge Cruz se atrevería a echarla. El episodio termina con Ana decidida a mantenerse firme ante la amenaza creciente de ser expulsada.