Lucía obliga a Sofía a ordenar su habitación sola, advirtiéndole un castigo si no lo hace bien. Papá, preocupado, decide acompañar a Sofía para asegurarse de que esté bien cuidada bajo la supervisión de Lucía. Sofía cumple con la tarea de limpiar la habitación, pero la actitud rígida de Lucía genera tensión. La escena concluye con un momento íntimo en el que Sofía recibe una pulsera, sugiriendo un lazo protector que contrasta con la estricta vigilancia de Lucía, dejando en suspenso cómo afectará esta dinámica a Sofía.