Después de salir de prisión tras seis meses, Fermín enfrenta las consecuencias de los errores de su hermano que casi llevan al quiebre del negocio familiar. Decide que primero debe casarse para poder ajustar cuentas con él. Aunque sus conocidos dudan de su elección, Fermín revela que la mujer con la que se casará la conoció en la cárcel y que será un matrimonio definitivo. Ante la incertidumbre, su futura esposa acepta casarse al día siguiente, destacando que ambos tienen motivos que los unen y que ninguno puede despreciar al otro, dejando en suspenso cómo afectará esta decisión su futuro inmediato.