Flora le pide urgente un préstamo de treinta mil al señor Helio para salvar a alguien, mostrándole una valiosa reliquia heredada de su abuela. Helio revela que compró esa misma reliquia en una subasta para regalarla a la directora Lidia, reconociendo su esfuerzo en la empresa. Flora, decidida, encuentra la oportunidad para recuperar el objeto y se lo devuelve, afirmando que nadie debería perder lo que ama. La confrontación entre Flora y Helio termina en tensión, dejando en incertidumbre cómo responderá él ante este desafío inesperado.