Carlos exige casarse con una mujer con la que apenas ha intercambiado palabras para asegurar la cooperación con la familia Pérez y liberar su deuda. Aunque ella rechaza inicialmente la idea, él la presiona ofreciéndole un generoso paquete financiero y propiedades como compensación y garantía, revelando un amor secreto de quince años. Elena, dudosa pero tentada, acepta firmar los documentos. Sin embargo, la tensión crece cuando él muestra su vulnerabilidad llorando, un gesto inesperado que marca un giro en su relación. El episodio concluye con la incertidumbre de cómo afectará esta unión forzada a ambos.