La hija instala a su madre en la habitación de la matriarca Cruz, y los familiares examinan sus pertenencias. Descubren que la señora vivía con lo justo pese a que le enviaban dinero cada mes; ella lo guardó todo en el banco para sus dotes. Acusan a la matriarca de fingir humildad y sospechan que oculta objetos valiosos tras una cortina que nadie debe tocar. La hija pregunta qué hay detrás; la madre admite que es su pasado y pide olvidarlo. La familia se niega: ¡No!