Román Nunes, considerado un cultivador inútil por su apariencia y etapa de refinamiento, posee un objeto valioso que la secta codicia. El anciano Nicolás le ofrece a Román cultivar junto a Julia si entrega dicho objeto y renuncia a sus pensamientos sobre la excelsa Santa, María Yáñez. Sin embargo, María, que tiene un cuerpo espiritual innato único, decide disfrazarse para acercarse a Román y controlar la situación. El episodio termina con María preparándose para ocultar su identidad, generando incertidumbre sobre la reacción de Román y el futuro de su alianza impuesta.