Sebastián está acusado de un crimen grave contra una discípula menor, pero asegura que la acusación es falsa. Mientras planea contactar a Luciano, el príncipe heredero, para buscar apoyo, decide silenciar a Sebastián para que no revele la verdad y exponga sus propios secretos. En un giro inesperado, Sebastián irrumpe en la secta y mata a Mateo y al líder sectario frente a todos, desafiando las normas y dejando claro que no aceptará chantajes ni humillaciones. Con esta acción, Sebastián se gana una recompensa especial, pero su decisión desencadena una crisis inmediata cuyo desenlace es incierto.