Isabella y su ex pareja confrontan la compleja convivencia por su hijo Lucky mientras discuten sus roles parentales y las tensiones sobre buscar una nueva pareja. La llegada de un primo con comida causa una pelea leve sobre los cuidados de Lucky. De repente, la situación se complica cuando la policía llega y acusa a Isabella de robo de perro, obligándola a ir a la comisaría a declarar. Este giro inesperado plantea un nuevo conflicto legal mientras las tensiones familiares se mantienen vivas, dejando en suspenso la resolución del problema y el impacto en su relación.