Hugo celebra con una mujer su logro en la optimización de una batería que alcanzó clase A, invitándola a comer en un comedor aparentemente modesto. Ella se muestra despectiva con la comida y el lugar, recordando que la obligaron a trabajar allí mientras su padre está inactivo. Al entrar, la mujer impone respeto e impaciencia entre los presentes, rechazando mezclarse con la gente común. Cuando le sirven la comida, un tercero advierte a los demás que no la molesten por ser la heredera de los Salas, haciendo notar que nadie se atreve a ofenderla en Ciudad del Río. El episodio termina con la tensión latente entre su estatus y el entorno que debe enfrentar.