La madrastra castiga severamente a los niños por intentar robar comida, privándolos de alimentos decentes y amenazándolos con humillaciones. Los niños, temerosos y hambrientos, intentan obedecer, pero uno planea reunir fuerzas para escapar cuando intenten vender a su hermana. La madrastra finge misericordia al darles buena comida, generando desconfianza en los niños. Mientras tanto, la escena se tensa con la llegada de alguien y la orden de entregar a los niños a un comprador antes de la mañana, dejando en evidencia la verdadera amenaza que enfrentan y la posibilidad de que la madrastra los traicione.