Samuel menciona que su empleada Chelsy, quien es coja, presentó su renuncia esa misma mañana. Se revela que Chelsy trabaja en el puesto de la abuela del hombre que la busca, donde debe pagar una cuota de protección para seguir vendiendo allí. Sin embargo, enfrenta presión para cubrir esta cuota a pesar de la precaria situación familiar: su madre está en estado vegetativo desde hace más de diez años y ella misma tiene discapacidad. En medio de la angustia, alguien intenta detener a Chelsy, mientras la abuela y otros expresan preocupación, dejando el futuro de Chelsy en incertidumbre.