En la cumbre de inversionistas, la startup Yoli llega a presentar su proyecto cuando el inversor Carlos Huerta la reconoce y la presiona: exige una condición o bloqueará cualquier aporte. Yoli rechaza ceder y promete conseguir financiación. La situación escala cuando aparece inesperadamente un hombre que había entrado como conductor; reclama públicamente ser socio de Yoli para protegerla y causar revuelo. Seguridad se moviliza y los presentes dudan si interceder. El giro, la declaración del conductor, deja la decisión de inversión en suspenso y fuerza una confrontación inmediata cuya resolución queda abierta.