Renata enfrenta la inminente venta de la villa familiar mientras planea una boda en tres días con Alberto, un hombre de una familia militar élite. En medio de rumores sobre una boda falsa para alejar a Juana, otra mujer ligada a la villa, Renata insiste en casarse realmente. La tensión aumenta cuando se revela que Juana ama profundamente la villa, y la llegada del nuevo dueño amenaza con destruirla. Renata busca negociar con ese comprador y pone como condición que si logra llevarse bien con Juana, cancelará la boda. La incertidumbre sobre la boda y el futuro de la villa persiste al cierre del episodio.