Flavio recibe la ropa y diez millones de pesos de Olivia, su esposa, quien parece intentar controlar la situación con dinero. Él se muestra sorprendido y resignado ante la entrega, mientras Olivia reafirma su dominio. Durante la comida en la mansión, Flavio cuestiona el gasto excesivo y la falta de moderación, mostrando su desacuerdo con el estilo de vida actual. Paralelamente, Olivia da órdenes para mantener todo impecable y simplificar la comida, lo que resalta su autoridad. El episodio concluye con la tensión palpable entre el control económico y la resistencia de Flavio, dejando en el aire cómo enfrentarán esta dinámica en el futuro.