Leo logra ponerse de pie gracias a la medicina que le dio Lili, su hermana, quien lo cuidó con dedicación. La familia celebra su recuperación, y Leo promete proteger a Lili, quien finalmente puede descansar cómodamente en una cama por primera vez, dejando atrás la habitación del establo. Justo cuando la situación parece mejorar, llega el momento crítico: el padre aparece alarmado y desesperado, gritando que Leo no muera, desatando una nueva tensión que deja el desenlace abierto a su destino inmediato.