Sebastián, el único Emperador Guerrero, ha pasado diez años sellando La Gruta para proteger el Imperio Bermellón de bestias invasoras. Al salir, descubre que la emperatriz que lo apoyaba murió y ha sido reemplazada por una nueva gobernante que lo acusa de engañar al pueblo y descuidar su deber. Aunque Sebastián sostiene que la paz actual se mantiene gracias al círculo sellador que él mismo creó, la emperatriz ordena su destitución y traslado a la Capital para ser juzgado. Enfrentado a esta traición, Sebastián se niega a entregarse, preparando el próximo enfrentamiento.