La general Serena decide entrar a La Gruta para un reconocimiento, desafiando la orden de someterla con fuerza, mientras el país observa en vivo. Descubre que la supuesta protección de Sebastián es un engaño, revelando que él manipuló un santuario natural para ocultar su fracaso. En medio de esta revelación, es evidente que Sebastián, ya prisionero y acusado de matar al hijo de Serena, enfrentará un juicio imperial al día siguiente. Su condena y posible ejecución generan una tensión creciente, marcando un punto decisivo sin resolver en el conflicto.