Raquel regresa a la empresa familiar tras la muerte de don Santos, enfrentando a su madrastra que busca quedarse con el 10% de acciones que, según el testamento, solo Raquel tendrá si se casa. La madrastra la desprecia y amenaza con controlar la empresa aprovechando que Raquel no cumplió la condición matrimonial. Mientras la junta directiva se prepara para decidir el futuro de las acciones, Raquel se resiste a ceder su parte y promete luchar en la reunión. La tensión crece al acercarse la junta, donde se definirá el control del Grupo Santos.