Raquel descubre que está afectada por un virus llamado veneno óseo, que lentamente paraliza a quien lo padece. Un hombre llamado Don León, experto médico, confirma el diagnóstico y revela que, aunque tratable, la cura requiere ingredientes muy raros y difíciles de conseguir. Raquel debe evitar comer fuera para no interferir con el tratamiento. A pesar de que su pulso parece estable, la enfermedad avanza ocultamente y podría dejarla paralizada pronto. Don León prepara medicinas que solo prolongarán su vida algunos años, dejando la incertidumbre sobre su futuro inmediato.