La princesa Isabella, tras apaciguar una rebelión, recibe un decreto de ejecución del emperador el mismo día de su boda. El primer ministro Alejandro, que la protege a pesar de la orden, enfrenta la difícil lealtad entre el gobernante y la princesa. Isabella es enviada al exilio mientras se enfrenta a la traición y la amenaza de muerte, pero sobrevive y despierta en un lugar desconocido, desconcertada. Además, una figura le advierte que no podrá escapar de su pasado ni evitar las consecuencias si algo sucede a Sofía. El episodio termina con Isabella atrapada entre la amenaza y la incertidumbre sobre su destino.