Isabella insiste en acompañar a un hombre a una subasta, pero inicialmente le prohíben asistir, argumentando que el evento no es adecuado para ella. Asegura que, debido a su estatus, puede ir y promete no causar problemas. Para demostrar su compromiso, jura ante una cruz y la tierra, aunque su determinación genera resistencia. Finalmente, consiguen que la dejen ir bajo la condición de que se comporte bien. En la subasta, alguien reconoce el rostro de Isabella similar al de un esposo fallecido, notando también la diferencia en su carácter. El episodio termina con la pregunta si ella ha logrado sobrevivir en este mundo actual.