Román llega con la intención de matar a alguien dentro de la secta, pero enfrenta resistencia y ordenan matarlo. Al estar en refinamiento, no puede defenderse, lo que obliga a otro a intervenir. La aparición de la Guardiana, poseedora de una poderosa sangre de fénix, eleva el peligro para Román, pues su fuerza podría matarlo. La tensión crece cuando Román duda en revelar su identidad real, preguntándose si la Guardiana lo perdonaría. El episodio termina con una orden directa para que la Guardiana elimine a Román, dejando en suspenso su destino inmediato.