Gabriela se reúne con Miguel en el hospital, donde ella, ahora directora, enfrenta la presión de un caso complicado. Miguel, confrontado con la delicada salud de un anciano, sugiere llamar a un maestro acupuntor que sólo visita esporádicamente el hospital, complicando la situación. Gabriela insiste en controlar el proceso médico y enfrenta la amenaza velada de Miguel si no actúa con cautela. A medida que la tensión aumenta por la fragilidad del paciente y la dificultad para acceder a tratamiento tradicional, Gabriela debe decidir rápidamente cómo mantener su autoridad y manejar la crisis, dejando en suspenso la evolución del hombre enfermo.