Pablo y Lucas llegan al hospital a buscar a Eva, su madre, y traen sopas para llevarla a casa. Surge un choque inmediato sobre qué puede comer por una herida: Pablo ofrece sopa de carpa y otro trae sopa de pollo; discuten gustos y cuidados. Eva, alzada en defensa propia, declara que ya no se adaptará a nadie y anuncia que aprenderá a cocinar pescado. La conversación escala a recriminaciones —"Ya estamos divorciados" y "mi mamá cambió"— y la salida de Eva del hospital queda en el aire, con su independencia enfrentada a la falta de un plan claro.