Fernando promete dejar las peleas del Puño Viento para criar bien a su hija y alejarla de la violencia. En la escuela, su hija se siente excluida por no poder comer dulces como sus compañeros, lo que motiva a Fernando a decidir hacer más trabajos para comprarle algunos. Mientras tanto, Fernando enfrenta la presión de un cobrador que le reclama el pago atrasado de 30 monedas, incrementando la tensión sobre su promesa de cambio y su lucha por mantener a su familia unida. El episodio termina con Fernando enfrentando un dilema económico que amenaza su nueva resolución.