En el funeral del abuelo de Yara, ella reprocha a los presentes por celebrar; la tratan con desprecio, la llaman adoptada y la expulsan cuando reclama sólo el álbum de fotos suyo y del abuelo. Yara se marcha con la intención de llevárselo. Poco después estalla un atentado en la casa y los presentes la señalan como causa de la desgracia. El jefe ordena recuperar el álbum como prioridad y un subordinado anuncia que está en el Palacio de Ámbar. Queda por decidir cómo y quién irá a recuperarlo y qué pasará con Yara.