Isabella habla con su abuelo, confesándole que está enferma y no podrá regresar a casa, mientras se preocupa por el buen nacimiento de su bebé. Al mismo tiempo, alguien ofrece treinta mil dólares para averiguar si ella está embarazada, confirmando que ya lleva tres meses de gestación. Un hombre molesto jura no permitir que Isabella tenga el hijo de Adrián. En otra escena, se revela que Isabella renunció a su trabajo para heredar el negocio familiar y que su familia le presentó un posible esposo. La incertidumbre sobre su futuro y su embarazo crea una creciente tensión sin resolver.