Desorientada tras el apocalipsis, la mujer que se presenta como la gran emperatriz despierta cuidada por un zombi que ella llama su padre improvisado. Avergonzada por perder su honor y protegida junto a una niña que menciona como “mi hija”, contempla afuera una horda de zombis y teme estar condenada. Sin embargo, observa que los atacantes rehúyen a su guardián; descubre que los zombis pueden devorarse entre sí cuando un zombi de nivel uno se rinde de inmediato. El giro revela una inesperada jerarquía entre muertos y deja en duda si ese protector resistirá la próxima ofensiva.