El protagonista, quien activó un sistema, llega a una prueba de artes marciales donde su ex lo humilla y lo obliga a competir contra su nuevo novio. En la evaluación pública Manuel demuestra fuerza y obtiene la certificación de guerrero de alto nivel; la audiencia lo ensalza y algunos piden que el perdedor cumpla la apuesta: arrodillarse y ladrar. Sus rivales lo ridiculizan como inútil y dan por hecha su derrota. Cuando llaman a Julián a presentarse, su demostración provoca asombro: nadie esperaba lo que hace. El episodio termina con la incertidumbre sobre si la apuesta se cumplirá.